
Opalite es el nuevo videoclip de Taylor Swift, estrenado este 6 de febrero de 2026 como segundo sencillo oficial de su álbum The Life of a Showgirl. La canción, una de las más reproducidas del disco desde su lanzamiento en octubre, suma ahora una pieza audiovisual que combina estética noventera, metáfora emocional y una estrategia de estreno alineada con los cambios recientes de la industria musical.
El lanzamiento no pasó desapercibido por un detalle clave: el videoclip no está disponible aún en YouTube. Por el momento, solo puede verse en Spotify y Apple Music para usuarios con suscripción. La llegada a la plataforma abierta está prevista para el 8 de febrero, en un movimiento que vuelve a colocar a Swift en el centro del debate sobre consumo, métricas y control del relato pop.
Una fábula pop sobre la soledad contemporánea
Escrito y dirigido por la propia Taylor Swift, el videoclip de Opalite se construye como una fábula visual que dialoga con la soledad, la amistad y las relaciones afectivas en un contexto cada vez más artificial. La opalita funciona como metáfora central: un mineral convertido en producto capaz de prometer compañía, estabilidad emocional y una felicidad casi industrializada.
En las primeras escenas, Swift aparece interactuando con una piedra a la que trata como a su mejor amiga. Juegan en el parque, comparten cócteles y rutinas domésticas. La piedra lleva una pulsera con la inscripción “Friends4ever”, reforzando la idea de un vínculo eterno, aunque construido desde lo inerte. El gesto no busca ternura ingenua, sino incomodidad: la pregunta subyacente es qué sucede cuando el afecto necesita ser reemplazado por un objeto.
Domhnall Gleeson y el absurdo como espejo emocional
En paralelo, el relato introduce al actor Domhnall Gleeson, quien atraviesa una soledad similar, aunque desde otro registro. Su compañero es un cactus, con el que sale a cenar, juega al billar y comparte silencios. La escena no exagera el drama: lo normaliza, casi lo vuelve cotidiano.
El punto de inflexión llega cuando ambos personajes utilizan el producto “opalita” y se intercambian los roles. Swift pasa a ser el cactus; Gleeson, la piedra. A partir de ahí, el videoclip se mueve hacia un terreno deliberadamente absurdo: se toman fotos de pareja, se dan la mano y participan en un concurso de baile donde reciben cero puntos. Un guiño que muchos interpretaron como una respuesta irónica a las críticas históricas sobre las coreografías de la artista, pero que también puede leerse como una burla a la necesidad constante de validación externa.Para ver
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