
Hay conciertos donde la gente canta. Y después están las noches donde una sala entera termina atrapada dentro del universo creativo de un artista. Eso fue lo que pasó con Rodrigo Cuevas en el Sant Jordi Club de Barcelona. Dos horas donde el folklore asturiano convivió con techno, humor absurdo, teatro, cabaret, coreografías imposibles y una puesta en escena tan medida que hasta los intermedios audiovisuales formaron parte de la coreografía emocional del show. Todo sonaba contundente. Todo tenía ritmo. Todo estaba vivo. Y toda esa teatralidad giraba alrededor de una misma idea: La Belleza como refugio, exceso y celebración popular.
Antes de empezar ya se intuía que aquello no iba a ser un concierto convencional. Sobre el escenario había cajones de bebida color verde apilados, una tarima central en forma de biombo, un espejo de maquillaje iluminado y una barra simulando un bar. En pantalla apareció Rossy de Palma presentando a Rodrigo Cuevas con esa mezcla de ironía y extravagancia que atraviesa todo el universo del artista asturiano. La conexión tenía sentido inmediato: el show entero respiraba esa estética entre cabaret, exceso, romería y cultura popular que inevitablemente remite al imaginario almodovariano.

Bienvenidos a la Panoya Dorada
Un mundo feliz comenzó completamente a capella. Solo la voz de Rodrigo Cuevas atravesando el Sant Jordi Club con una claridad brutal. Vestido de blanco, con un enterito ajustado y un abanico de plumas. “Bona nit Barcelona, benvigudas y benviguts a la Panoia Dorada”. Bastaron segundos para notar algo evidente: el nivel vocal era descomunal.
Con La belleza, el show empezó a desplegar toda su maquinaria visual. Mientras los bailarines ocupaban el frente del escenario, Rodrigo se sentó frente al espejo para maquillarse en vivo mientras cantaba. La cámara proyectaba su rostro gigantesco en pantalla y por momentos daba la sensación de estar viendo simultáneamente el backstage y el espectáculo.
La crónica inmersiva de MgzMag no solo recorre el show de Rodrigo Cuevas en Barcelona: revive cada momento de La Belleza desde adentro.
Revive el show de Rodrigo Cuevas en Barcelona
En Hermana cautiva se acercó al borde del escenario y quedó todavía más claro por qué el público no podía sacar los teléfonos de encima. Rodrigo no solo canta. Se mueve con una naturalidad escénica impactante. Se contornea, baila, exagera gestos, juega con la cámara y aun así nunca pierde precisión vocal.
Después llegó Asturcón y el Sant Jordi dejó de observar para empezar directamente a bailar. Los bailarines giraban sincronizados a ambos lados mientras el show se transformaba por momentos en una rave folklórica perfectamente organizada.
Con Allá arribita volvió a aparecer otro detalle impresionante: el control técnico. Terminó la canción con un silbido perfecto al frente del escenario mientras desde abajo alguien le gritaba “guapo”, provocando risas instantáneas.

Pero el momento donde realmente explicó qué era la “Panoia Dorada” llegó durante Valse.
“Hace un año y miren después aquí estamos. Muchas gracias los estimo. Hemos llenado ese espacio tan grande […] Bienvenidos a la panoia dorada. En un Parallel donde haya cabareteras. ¿Y tú porque quieres montar un cabaret en el Parallel? Porque quiero bajar a los bajos fondos.
Y porque estoy hasta los cojones de hablar de lo que no me interesa y de la situación global y por eso dije voy a crear una burbuja, una panoia dorada… Y aquí solo se habla de panochas y de belleza”.
El público respondió exactamente como respondió toda la noche: riéndose, aplaudiendo y siguiéndole absolutamente todo.
Rodrigo bajó entonces a cantar entre la gente mientras las palmas del Sant Jordi Club convertían la canción en algo popular y colectivo. Y ahí volvía a pasar lo mismo: incluso caminando entre el público, seguía sosteniendo agudos imposibles sin esfuerzo aparente.
Sales milagrosas y humor perfectamente escrito
El primer corte audiovisual terminó de confirmar que el espectáculo estaba pensado hasta el último detalle. La falsa publicidad de “Sales La Belleza” prometía curar estrés, dolores, delirios y neurastenias. El público estalló en carcajadas. Y no solo porque fuese gracioso, sino porque estaba realmente bien escrito. Había ritmo, timing, estética y una continuidad clarísima con el universo visual y discursivo del show.
Cada vez que terminaba un bloque de canciones, la sala automáticamente miraba hacia la pantalla esperando otro corto.
Antes de Xardineru, Rodrigo comenzó a bromear especialmente con Juanjo, el percusionista, provocando sonrisas constantes. “El amor y las flores van abriendo”. Ni siquiera terminó de arrancar la canción y el público ya estaba cantando por encima de él.
En Pañuelín, convirtió una dinámica absurda sobre quién tenía el pañuelo en una pequeña escena teatral. Buscándolo exageradamente entre bailarines y coreógrafos mientras la gente se reía siguiéndole el juego Con Muñeira volvió a demostrar esa capacidad rarísima de alternar humor y folklore sin que nada se vuelva caricatura.
“Cuidado con las amigas que te roban los amores pero los amores no te roban las amigas”. Y otra vez las risas.
Antes de Sácame a bailar (Paso doble), apareció otro de los momentos más graciosos de la noche cuando empezó a bromear sobre “Coschella”, asegurando que era mucho mejor irse de fiesta al Poble. El ida y vuelta con el público ya funcionaba como una parte más del espectáculo.
Revive el show de Rodrigo Cuevas en Barcelona
Rodrigo Cuevas mas
Y entonces apareció Rambalín. Antes de comenzar se escuchó una voz en off de una noticia relatando el asesinato de Rambal el reconocido transformista de Gijón asesinado por el franquismo. La sala bajó automáticamente el ruido. Rodrigo avanzó hacia el frente del escenario y todo el exceso visual de la noche quedó en segundo plano. Ahí apareció solamente la voz de Rodrigo. Toda la técnica vocal. Toda la intención. Toda la emoción. Rodrigo concluyó la canción inclinado hacia el público mientras el Sant Jordi Club lo aplaudía durante varios segundos sin parar.
El siguiente falso anuncio, esta vez una fragancia para “amarrar amores”, volvió a romper la tensión con humor. Y para ese momento ya era evidente que los intermedios eran tan esperados como las canciones.
Techno, sombrillas y folklore sudando
Con La playa volvió el ritmo bailable. Sombrillas, coreografías playeras y una especie de desfile improvisado sobre la tarima transformaron el escenario en algo entre verbena costera y performance de moda.
Casares y Veleno terminaron de encender a un Sant Jordi Club completamente entregado. Rodrigo bailaba de forma hipnótica mientras se acercaba al borde para cantar los “bruja, bruja” directamente a la gente. En Xiringüelu toda la sala acompañó con palmas y terminó convertida oficialmente en pista de baile.
Pero el momento más descontrolado llegó con Como ye. “Porque cuando un asturiano canta una tonada tiene que haber un fuerte ‘buuuuuuu’”. Y el rugido del público ahora si fue inmediato.
Lo más impresionante era cómo la canción pasaba de una tonada tradicional a un tema electrónico sin sentirse forzada. Los bailarines bajaron directamente a la pista y minutos después Rodrigo Cuevas terminó literalmente en andas sobre el público.

El cuerpo también forma parte del show
Más animal probablemente fue el momento más salvaje de toda la noche. La percusión retumbaba de forma física mientras Pablo ocupaba el centro del escenario con la pandereta. Los bailarines comenzaron a quitarse parte del vestuario y poco después Rodrigo hizo exactamente lo mismo. Hasta desaparecer completamente desnudo atravesando el telón principal. La sala explotó.
Y hay que aclarar que no se sintió gratuito ni efectista. Dentro del universo de Rodrigo Cuevas, tenía total lógica.
El final de la fiesta
El último clip con Rossy de Palma cerró el círculo de la noche. La misma voz que había abierto el show ahora le pedía que nunca dejara de cantar y un beso que selló la promesa.
Con El día que nací yo, los laterales móviles del biombo crearon un aterciopelado fondo rojo espectacular mientras Rodrigo cantaba acompañado por castañuelas antes de terminar prácticamente a capella frente a la guitarra.
Pero Muerte ideal volvió a demostrar el nivel de control escénico del espectáculo. La canción arrancó como un canto litúrgico y terminó convertida en un tema techno donde el asturiano incluso fraseaba mientras seguía completamente integrado dentro de la coreografía.
“Muchísimas gracias Barcelona, con ustedes las perfectas”. Primero agradeció a sus bailarines. Después a la banda. Más tarde a todo el equipo “a los que lo diseñan y lo producen”.
Y finalmente llegó Fiesta. “Muchas gracias, hasta la próxima Barcelona”. Las luces todavía no habían terminado de encenderse y la sensación seguía siendo extraña: durante dos horas el Sant Jordi Club había dejado de parecer Barcelona para convertirse completamente en la cabeza de Rodrigo Cuevas.
Valoración de MgzMag
Rodrigo Cuevas presentó uno de los shows más completos, teatrales y originales que pasaron este año por Barcelona. La Belleza no fue solamente un concierto, sino una propuesta escénica donde romería, folklore, techno, humor, cabaret y performance convivieron con una coherencia impresionante. El nivel vocal de Rodrigo durante toda la noche fue descomunal, pero lo más potente estuvo en cómo logró sostener un universo visual y narrativo propio sin perder frescura ni conexión con el público. Cada detalle, desde los cortos publicitarios hasta las coreografías y la interacción constante con la sala, tuvo sentido dentro del espectáculo. En una escena donde muchos directos empiezan a sentirse iguales, Rodrigo Cuevas consiguió algo bastante difícil: que el público sintiera que estaba viendo algo verdaderamente distinto.
Redacción MgzMag
Revive el show de Rodrigo Cuevas en Barcelona
Setlist – Pablo Alborán Palau Sant Jordi, Barcelona – 8 de Mayo 2026
- Un mundo feliz
- La belleza
- Hermana cautiva
- Asturcón
- Allá arribita
- Valse
- — Corto publicitario: Sales La Belleza —
- Xardineru
- Pañuelín
- Muñeira
- Sácame a bailar – Paso doble
- Rambalín
Corto publicitario: fragancia para “amarrar amores” - La playa
- Casares
- Veleno
- Xiringüelu
- Como ye
- Más animal
Intervención audiovisual final con Rossy de Palma - El día que nací yo
- Muerte ideal
- Fiesta
Nota editorial
Los diálogos transcritos reflejan con fidelidad la voluntad y el mensaje del artista, aunque pueden no ser textuales en su totalidad. En MgzMag nos especializamos en crónicas inmersivas, donde recolectamos la mayor cantidad posible de emociones sensoriales, atmósferas y momentos clave para ofrecer una experiencia cercana a estar ahí. Lo mismo ocurre con los setlists: en algunos eventos no se reciben oficialmente o el artista modifica el orden del mismo en tiempo real, por lo que la reconstrucción se basa en la observación directa del cronista y el cruce con los registros disponibles.
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