
John Galliano acaba de hacer algo bastante más interesante que presentar otra colección: se fue a Zara. Después de Givenchy, Dior y Margiela, después de haber conocido la moda desde ese lugar reservado a poquísimos diseñadores, podría haberse dedicado perfectamente a administrar su leyenda. En cambio eligió el sitio donde compra todo el mundo. Y de repente la pregunta no es qué hace Galliano en Zara. La pregunta es qué dice de la moda que Galliano esté en Zara.
Porque Galliano no necesita que nadie le explique qué significa el lujo, lo tuvo todo.
Los talleres, los presupuestos, París, las primeras filas imposibles, las modelos, las portadas, el poder de convertir un desfile en un acontecimiento cultural. En Dior podía hacer que una colección pareciera una película, una fantasía histórica o una noche de la que uno probablemente no saldría demasiado bien parado.
Y ahora está aquí, en Zara.y hay algo maravillosamente insolente en eso como él.
No porque Zara se haya vuelto couture de repente. No lo es. Ni porque una prenda producida industrialmente adquiera poderes sobrenaturales porque Galliano la haya tocado.
Es más sencillo.
Galliano no necesita todo aquel aparato para seguir siendo Galliano, y quizá el aparato necesitaba bastante más a Galliano de lo que pensábamos.

¿Cuándo empezamos a mirar tanto a los que miran?
La moda tiene últimamente un problema bastante curioso, uno termina sabiendo quién estuvo en el desfile antes de saber qué se desfiló.
La celebrity. El embajador. El friend of the house. El influencer. El vestido prestado. La llegada. El coche. La foto entrando. La foto sentado. La foto saliendo. Mientras tanto, en algún lugar detrás de todo eso, alguien hizo una colección.
No siempre fue así.
La primera fila tenía poder porque allí se sentaban personas cuya mirada podía cambiar una carrera, una tienda, una revista. Hoy sigue teniendo poder, por supuesto, pero alrededor de ella creció una representación del poder que empieza a resultar bastante más grande que el asunto que supuestamente veníamos a mirar.
Porque cuando todo el mundo dentro de una habitación está obsesionado con quién consiguió entrar en la habitación, quizá convenga mirar qué está pasando fuera.

Y Galliano aparece justo ahí
RE{FORM} parte de prendas que ya existen. Galliano las desmonta, las altera, las vuelve a construir. Utiliza una expresión magnífica: re-author: Reautorizar. Volver a poner autoría donde ya había un objeto.
Eso sí me interesa.
Porque debajo de toda la conversación sobre Zara aparece una pregunta bastante incómoda para una industria obsesionada con construir valor:
¿cuánto del valor estaba realmente en la cosa y cuánto estaba en quién nos había dicho que la cosa tenía valor?
Galliano cambia el contexto y el ojo sigue ahí. Ésa es la gracia.
El talento no desaparece porque cambie el código de barras, y tampoco hace falta convertir esta colaboración en una revolución popular. Zara es Inditex. Vende muchísimo, factura muchísimo y sabe perfectamente el valor comercial de poner a John Galliano en una etiqueta.
Bienvenidos al capitalismo.
Pero fingir que el lujo vive al margen del negocio sería todavía más gracioso.
Dior vende.
Zara vende.
Todos venden.
La diferencia interesante sigue siendo qué tienen para decir después de vendernos algo.
Y Galliano, por ahora, todavía tiene algo que decir.
Quizá porque nunca fue demasiado bueno quedándose quieto en el lugar que le habían asignado. Tampoco cuando ese lugar era la cima.
Su historia personal tuvo zonas terribles, adicciones y una caída pública en 2011 que no necesita ser reescrita ni blanqueada. También tuvo regreso, Margiela y aquel Artisanal 2024 que recordó por qué su nombre seguía teniendo peso cuando se apagaba todo el ruido alrededor.
Pero esto no va de redención. Va de algo mucho más divertido.
De un diseñador que estuvo en la habitación más exclusiva de la moda y un día decidió salir de ella.
Y mientras dentro siguen discutiendo quién merece silla, quién merece invitación y quién merece atención, afuera hay millones de personas haciendo lo que la moda necesita para existir:
usándola.
Quizá John Galliano no haya bajado a la calle.
Quizá sea la moda la que llevaba demasiado tiempo sin pisarla.
PARA VER

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