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Mientras muchas bandas históricas administran su legado entre reediciones, aniversarios y giras sostenidas por canciones compuestas hace décadas, Los Rolling Stones continúan haciendo algo bastante más arriesgado: entrar al estudio convencidos de que todavía tienen música nueva para ofrecer.
En Foreign Tongues, Jagger, Richards y Wood no reniegan de su pasado, pero tampoco se quedan atrapados en él. Actualizan su sonido, incorporan nuevas texturas y vuelven a transitar el rock, el blues, el soul, el folk con una naturalidad que pocas bandas de su generación conservan.
Un comienzo que reafirma la identidad de The Rolling Stones
El nuevo álbum abre con Rough and Twisted, como debe arrancar un disco de The Rolling Stones: con los riffs de guitarra al frente y una entrada que, poco a poco, se transforma en una marcha constante, marcada por un ritmo firme y punzante. Desde los primeros compases aparecen todos los elementos característicos del sonido stone; por momentos remite a su etapa más blusera gracias al protagonismo de los teclados y la armónica, mientras que en otros parece recuperar algún fragmento perdido de Voodoo Lounge.
Lo que más destaca es la energía de las guitarras, saturadas de overdrive y construyendo melodías en paralelo. También funciona muy bien el detalle del riff inicial sonando primero en el canal derecho y sumando después la otra guitarra desde el izquierdo, un recurso que recuerda a aquellas grabaciones de los años setenta en las que las bandas jugaban con sonidos separados en cada canal. Incluso en ese gesto, los Stones mantienen intacta su esencia.
In the Stars baja ligeramente las revoluciones para instalarse en un sonido cien por ciento Rolling Stones, aunque claramente evolucionado. Los juegos de teclados y los coros aportan mayor textura sin sacrificar la crudeza que siempre distinguió a la banda, donde cada instrumento y la voz pueden reconocerse con claridad. También sorprende un solo de guitarra, un recurso que no ha abundado en muchas de sus canciones, pero que aquí aparece perfectamente integrado.
Uno de los aspectos más llamativos del disco es el tratamiento del bajo, mucho más presente y saturado que en otros trabajos. En Jealous Lover ese detalle cobra especial protagonismo. Desde la primera escucha aparecen referencias inevitables al Mick Jagger solista de Wandering Spirit e incluso a la sensibilidad de Memory Motel. Es, sin dudas, uno de los puntos más altos del álbum.
Hacia el final, un juego de voces con aroma góspel repite “Let It Go” una y otra vez, mientras Jagger vuelve a demostrar por qué continúa siendo uno de los grandes intérpretes del rock. En el videoclip también merece una mención especial la brillante actuación de Anya Taylor-Joy, quien consigue expresar perfectamente la letra sin necesidad de cantar una sola palabra.
Mr. Charm es fabulosa y está repleta de energía. Las guitarras, los coros de Mick Jagger y los riffs de Keith Richards y Ronnie Wood encienden la canción constantemente. En el video oficial puede verse a la banda ensayando, divirtiéndose en el estudio e incluso improvisando algunos pasos de baile, como una evidencia bastante clara de que todavía tienen cuerda para rato. Entre todos sus arreglos aparece una guitarra funky, casi imperceptible, durante uno de los bridges. Un detalle breve, pero suficiente para demostrar el cuidado puesto en la producción.
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Evolucionar sin romper el ADN stone
Las primeras cuatro canciones funcionan como un primer manifesto artístico. The Rolling Stones no intentan copiar su pasado ni romper completamente con él. La sensación permanente es que continúan componiendo desde la experiencia, incorporando recursos actuales sin perder la identidad construida durante más de seis décadas. Ese equilibrio no es sencillo y en Foreign Tongues aparece con una sorprendente naturalidad.
Con Divine Intervention regresa el instinto Rolling Stones en estado puro. Probablemente sea uno de los temas favoritos de sus seguidores históricos, pero también puede atraer a los fanáticos de The Cure, ya que la canción cuenta con la participación de Robert Smith en guitarras.
De pie, por favor, para escuchar Ringing Hollow. La clásica balada folk rock stonera encuentra aquí uno de los momentos más altos del álbum. Sin repetirse ni caer en la nostalgia fácil, Jagger y compañía entregan una composición que parece pensada para cerrar la cara A de un vinilo tradicional.
Como sucede a lo largo del álbum, vuelve a percibirse una marcada evolución sonora que quizá no conquiste inmediatamente a quienes prefieren las primeras etapas de la banda. Sin embargo, esos cambios nunca alteran su esencia. Foreign Tongues debe entenderse precisamente desde ese lugar: como un disco que evoluciona sin traicionar sus orígenes. Estamos en 2026 y The Rolling Stones, sin renunciar al presente, todavía saben construir un disco con la lógica narrativa de los años setenta. Solo por eso ya merecen un aplauso.
Never Wanna Lose You vuelve a levantar el ritmo con una combinación muy interesante entre rock y una base claramente influenciada por la música disco. Robert Smith reaparece, esta vez participando en los coros. Es difícil determinar cuánto influyó directamente en la composición, pero el bajo y la batería recuerdan por momentos al pulso de aquellas bandas británicas que dieron forma al post-punk. La canción consigue ser oscura y bailable al mismo tiempo.
Hit Me in the Head acelera todavía más los BPM hasta rozar el punk. Incluso el propio título transmite esa actitud desafiante. La canción recibe el tercer sello de Explicit Lyrics del álbum y resulta inevitable preguntarse si esa clasificación conserva el mismo peso que tenía durante los años ochenta. Hoy existen letras bastante más duras y explícitas circulando en la industria sin generar demasiado escándalo.
You Know I’m No Good ofrece una excelente interpretación del clásico de Amy Winehouse. El detalle de la voz y la armónica reproduciendo la misma melodía resulta brillante y convierte al tema en uno de los mejores momentos del disco. No es un cover que intente copiar o reproducir exactamente el original. The Rolling Stones respetan la composición, pero la trasladan con absoluta naturalidad a su propio universo. Todos sabemos que una versión puede elevar una canción o destruirla. En este caso, la mantienen viva y consiguen renovarla.
Este segundo bloque amplía todavía más la paleta del álbum. La banda pasa del folk rock al post-punk, del punk al soul sin perder coherencia interna. No parece un conjunto de estilos colocados al azar, sino una secuencia pensada para mantener el movimiento y evitar que el disco se acomode demasiado pronto en un único registro.
The Rolling Stones terminan el disco mirando hacia sus raíces
Some of Us se acerca al estilo de Keith Richards en solitario. Es una clásica balada del guitarrista donde el blues y el rock mantienen el equilibrio justo para evitar cualquier exceso sentimental. Conviene recordar que los integrantes de The Rolling Stones desarrollaron diferentes etapas solistas. Por eso aquí aparecen rasgos que remiten mucho más al sonido de Richards que al costado más pop explorado por Mick Jagger durante algunos momentos de su carrera.
Después llega Covered in You, mucho más cruda desde el inicio, con una base rítmica pegadiza sobre la que Mick improvisa uno de esos fraseos imposibles de confundir con los de cualquier otro cantante. También es destacable el regreso de la armónica al primer plano durante todo el álbum. En esta canción, su solo alcanza un nivel de virtuosismo extraordinario y se convierte en uno de los detalles instrumentales más sólidos del disco.
Side Effects se introduce con una poderosa base rockera que genera la sensación de caminar a toda velocidad por las calles de una gran ciudad, pateando cestos de basura y latas. Quizá no tenga demasiados elementos extraordinarios cuando se la analiza de forma aislada, pero dentro del conjunto está más que aprobada. Cumple su función, mantiene el ritmo y evita que el tramo final pierda impulso.
Back in Your Life recuerda inicialmente a las grandes baladas de la banda, especialmente a Angie, gracias a su introducción de voz y guitarra acústica. Sin embargo, rápidamente abandona ese terreno para desarrollar un sonido mucho más potente. Una vez más queda claro que The Rolling Stones evolucionaron sin perder personalidad. La canción incorpora además dos solos de guitarra muy interesantes: uno acústico en la parte central y otro mucho más distorsionado hacia el final.
Para cerrar aparece Beautiful Delilah, cargada con todo el delta blues del clásico de Chuck Berry. Apenas hacen falta una guitarra y la voz de Mick Jagger para provocar esas ganas inevitables de levantarse del asiento, bailar y retorcerse como un loco. Difícil imaginar una canción mejor ubicada. Es casi una declaración final: hemos evolucionado, estamos en 2026, pero esta sigue siendo nuestra esencia.
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Mientras muchas bandas legendarias siguen apoyándose casi exclusivamente en su catálogo, The Rolling Stones todavía entran al estudio con la intención de encontrar algo nuevo. Foreign Tongues no busca competir con Exile on Main St., Sticky Fingers o Some Girls. Su mérito está en otro lugar: en actualizar el sonido de la banda sin perder una identidad reconocible desde el primer acorde.
Mick Jagger, Keith Richards, Ronnie Wood y compañía se reinventan con naturalidad, incorporan nuevas texturas y siguen avanzando sin dejar de sonar a The Rolling Stones. Después de más de sesenta años de historia, no es un detalle menor.
Reseña final de MgzMag

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